jueves, 22 de noviembre de 2007

Tuve un sueño!

No soñaba, hacía muchos meses que no lo hacía, y cuando lo hacía, solo tenía pesadillas, pero anoche, tuve un sueño.

Empezaba todo en negro, como era normal cuando dormía, absolutamente nada, luego, sentía movimiento, y el conjunto de cama se deslizaba, yo en un intento por ver lo que pasaba entre abría mis ojos y distinguía una blanca y delgada figura de pie a mi lado, acercándose y acercándose hasta respirar de mi aire para después acostarse a mi lado. Su cuerpo era tibio y tenía un aroma agradable y, me abrazaba con fuerza y me besaba el rostro. No logré distinguir su rostro ni como vestía, pero me hacia sentir cálido y seguro a pesar que temblaba levemente y, se quedó a dormir conmigo. Su cuerpo se amoldaba al mió mientras ambos hacíamos nada, nada más que yacer ahí y abrazarnos.

Luego soñé con campos verdes y hermosos días cálidos.

miércoles, 14 de noviembre de 2007

Pavimento con nubes!

Ayer me ha vuelto a hablar, pero, no le he contestado, no quiero hacerlo más, quiero enterrar su recuerdo en el fondo de mis pensamientos y que no salga, necesito seguir adelante pues, con ella abordándome, estoy estancado.

Tenía las sospechas y las pruebas también, pero no lo había confirmado, faltaba el solo acto que la inculpara y podría descargar todo lo que sentía en su rostro. Estaba enfurecido, la llamada para acudir a ese almuerzo juntos nunca tocó nuestro tema en mi movil, entonces, hice mi camino al punto donde me imaginaba la encontraría y ahí estaba él esperándola, mi sangre envenenada bullía causando dolor mientras fluía con fuerza saliendo por cada uno de mis poros, pero conservé la calma, podía talvez ser coincidencia y, todo esta película solo ser real en mi imaginación. Nunca pensé que podría hacerme tal cosa, traicionarme de esta manera.

Impaciente y ansioso, me devolví al puente peatonal por donde estaba obligada a pasar y casi llegando al otro extremo venía, apurada como siempre pues siempre llegaba atrasada a todas partes. Por suerte no me vio y rápidamente di media vuelta y volví donde él la esperaba, me escondí tras un vehículo y esperé sin esperanzas que siguiera de largo, pero no, fue directo hacia él y le saludó con un beso y tomó su mano. Las lágrimas corrían lenta pero incontrolablemente por mi rostro y comencé a caminar hacia ellos, no podía detenerme y no sabía que haría una vez los alcanzara. Ellos se disponían a cruzar la calle y los alcancé justo cuando empezaban a desplazarse hacia el otro lado y caminé a unos metros tras ellos. Para cuando ellos estaban en la mitad de la calle, un grito se me escapó, fue como un ladrido, fuerte y grabe y grité su nombre. Ambos se detuvieron y giraron en sus talones para ver mi rostro mojado y, ahí estábamos los tres, el eterno triangulo que jamás terminaría, que me envenenaba la sangre, que oscurecía mis sueños y mis días.

Suavemente, sin levantar más la voz y entre dientes le dije,
-Te odio.

Ella estaba atónita, creo que en su interior sabía que tarde o temprano los encontraría juntos otra vez, pero no quise sacarla de su trance mientras le dirigía horribles palabras que solo ella podía entender mientras escapaban entre mis labios.


…Un sonido fuerte, un auto arrastrándose y un golpe…


Luego, ella estaba en el suelo, yo la sostenía del cuello y ella me lloraba y me pedía perdón, que nunca quiso hacerme daño, que desde ahora en adelante solo sería para mi y que nunca más tendría ojos para otro hombre, el suelo era celeste, y hasta parecían dibujarse nubes en él, entonces ella me dijo que ahora podría vivir en nuestra casa, esa que estaba esperando por nosotros y a la que ella llegaría después.

No la pude perdonar y, ahora vivo en La Casa Maldita.

lunes, 22 de octubre de 2007

Intermedio I

Ya me estoy acostumbrando a mi nuevo trabajo en la fábrica, aunque mis manos aun terminan hinchadas y llenas de magulladuras, raspones y cortes producto del intenso trabajo manual que tengo que hacer en mis labores de obrero, el cansancio físico paulatinamente se reduce a nada, ya no me duelen las piernas como en los primeros días y ya me he acostumbrado a las levantadas temprano y a dormir no más de ocho horas pues de lo contrario no tendría tiempo para nada, aunque no haga muchas cosas en mi casa, ahora he aprendido a valorar más el tiempo libre.
También me estoy haciendo costumbre de tomar una cerveza en este bar después del trabajo, al principio pensé que dañaría a mucha gente producto de la maldición, pero, me he dado cuenta con el tiempo que no afecto a la gente si yo no les presto atención, creo. Claro que me costó darme cuenta de eso, recuerdo el primer día que llegué al bar, a los pocos minutos de pedir una cerveza, el mesero se cortó la mano al romperse un vaso que se disponía a depositar sobre la barra y, el tipo a quien iba dirigido el pedido quedó completamente bañado con el licor contenido en el recipiente, a los dos días, un brazo en cabestrillo y a la semana, una botella de vino muy fino cayó sobre su cabeza desde la repisa más alta dejándolo mareado por algunos minutos. Con el tiempo el mesero ya sabía mi pedido de antemano y yo solo me siento en este mismo rincón de la barra, el más alejado y, elevo mi mano sin pensar en nada, intentando hacer algún movimiento de soltura muscular como cuando tienes el hombro adolorido por el exceso de trabajo, con eso logré por ahora, no dañar al mesero. Pero, a veces, no puedo evitar fijar mi vista en algunos de los clientes quienes, sin estar en conocimiento de mi maldición o talvez sabiéndolo, comienzan a murmurar en voz baja y dirigen miradas furtivas hacia mi. Esas son algunas de las cosas por las cuales dejaría de venir al bar. Es una pena que esa gente a la salida del bar se tropiecen o terminen enredados en alguna pelea y queden lesionados sin saber que es a causa de mi maldición.

En casa, las cosas siguen normales, dentro de lo que se puede llamar normal a una casa habitada por un hombre maldito, dos entes que se comportan como niños, un perro que ve fantasmas y una luciérnaga que vive encerrada en una botella de cristal, dentro de ese marco, la vida transcurre normal. Ya no le doy tanta importancia a las rabietas de Bianca ni a mi ornamentación estrellándose contra el suelo por alguna travesura de Mauro, lo que si me tiene un tanto preocupado, es que Dexter, mi perro, no come, pero a pesar de eso, no adelgaza ni pierde el vigor habitual de sus acciones. Lo he notado muy entretenido tratando de atrapar los insectos que en este último tiempo han llegado en grandes cantidades a la casa, debe ser por el clima. Creo que compraré algún insecticida o uno de esos mata moscas eléctricos.

Bueno, estuvo buena la cerveza, ahora me iré a casa.

…Quién es ella?

jueves, 30 de agosto de 2007

Bianca y Mauro I Parte.

Dormía tranquilamente la siesta de la tarde, en mi cama, echado a los pies como de costumbre estaba Dexter mi perro, aunque ya era tarde, no sentía ganas de levantarme para continuar con la rutina de ese día, talvez, debería buscarme un trabajo para hacer que el tiempo transcurra más rápido.

Mientras vagaba por esos pensamientos fue que los escuché, débil pero claramente, eran las voces de dos niños jugando y gritando mientras parecían disfrutar de alguna programación televisiva instalados en mi living, Dexter salió disparado de la cama al piso de abajo, lo que me hizo abrir los ojos y saltar sobre la bajada de cama negra de materiales sintéticos que mi padre me regaló un tiempo atrás. Entonces, me apuré hacia la puerta al mismo tiempo que arrastraba las zapatillas de dormir mientras las calzaba en mis pies, la abrí tan rápido que una ráfaga de viento me hizo apretar los ojos, cuando asomé con sigilo mi cabeza fuera de la pieza, y la giré en dirección poniente, no pude ver a nadie, tampoco escuchaba las risas y, las puertas de los otros dormitorios permanecían cerradas como las había dejado la noche anterior, lo mismo pasó cuando miré hacia el oriente. Debió ser mi imaginación pensé y, cuando me disponía volver al calor de mi cama ignorando la actitud de Dexter, volví a oírles, esta vez, puse mucha atención a las risas y deduje que venían desde la cocina, corrí en esa dirección atravesando el largo pasillo del segundo piso hasta llegar a la escalera que conducía al nivel inferior de la casa. Me detuve unos segundos a escuchar nuevamente, pero ningún sonido llegó a mis oídos, seguí bajando la escalera lentamente deslizando mis dedos por sobre el pasamanos de madera tallada, parecía que un pie le pedía permiso al otro para dar un paso. Para cuando mis pies tocaron ambos el suelo de la sala principal, desde donde destacaban dos grandes palmeras que franqueaban la mampara de la puerta frontal, los escuché nuevamente, esta vez más lejanos, parecían provenir desde el patio lateral frente a la cocina, esta vez, caminé despacio, el frío del mármol gris perla parecía penetrar directamente mis huesos, como omitiendo por voluntad propia la piel y la carne de mis pies. Al llegar a la cocina, el frio ya se había apoderado de todo mi cuerpo y temblaba de pies a cabeza, pero seguía caminando, lentamente, como un felino acechando a su presa. iba en buena dirección, los ladridos de Dexter provenían de aquella dirección.

Era más curiosidad lo que me movía, el miedo, no era más que un mero pensamiento que revoloteaba al interior de mi cerebro, ¿Cómo puedo sentir miedo de dos niños?.

Para cuando llegué al patio, ahí estaban, pero no eran niños.

domingo, 5 de agosto de 2007

Sol y calor en La Casa Maldita!

Sobre la casa maldita está siempre nublado, nunca he visto al sol iluminar las avejentadas paredes de la casa maldita y, de noche, es fría como dentro de un frigorífico.

Un día, decidí huir de la casa por algunos momentos, inconciente de las cosas que pasarían a aquellos que se cruzaran conmigo o, que simplemente, me dedicaran una mirada, pues tan solo con una mirada la maldición se les acerca.

Entonces caminé cerro abajo, por el pequeño sendero que dejan ver los arbustos viejos y marchitos hasta casi llegar al centro del pueblo, ahí, encontré una tienda y dominado por una voluntad que no parecía propia decidí entrar, al interior de la tienda estaba tibio y, mis sentidos se llenaban de agradables sensaciones. Luego, una persona se dejó ver tras el mesón -¿Que busca? Me preguntó, yo le dije que lo que salí a buscar no lo encontraría en ningún sitio. El rió por breves momentos, su risa era profunda pero no burlesca, la que de apoco se fue desvaneciendo hasta terminar en un ronroneo, cuando el hombre tras el mesón dejó de reir, me dijo, esta vez serio y frunciendo el ceño ligeramente -¿Y que tal si eso que usted busca si lo puede encontrar aquí? Yo, sorprendido, imaginé por un momento que si lo que el hombre tras el mesón me decía era cierto, talvez podría comprar un poco de luz y calor y llevarlos hasta la casa maldita para hacer un poco menos cruenta mi existencia en aquella casa. Pero el sentido común se apoderó de mi arrebatando las imágenes de bienestar de mi mente.

-Luz, le dije, -Lo que salí a buscar es luz y calor para llevar a mi casa. El hombre, permaneció inmóvil por unos segundos, después, dobló sus rodillas hacia delante hasta que su cuerpo desapareció por completo tras el mesón. Luego de unos segundos en los que los sonidos de cristales y metales golpeándose llenaban el aire, emergió el hombre con una botella de vidrio transparente en su mano derecha, la pequeña botella de unos 10 centímetros de alto y tapada con un corcho mostraba extraños cortes sobre su cubierta lo que hacia aseverar que era de cristal, además, parecía estar vacía. Cuando el hombre levantó su otra mano, tenía en ella un trozo de pan. El hombre, extendió sus manos en un gesto por entregarme dichos elementos. No fue necesario manifestarle mi desconcierto al hombre, él me dirigió nuevamente la palabra mientras agitaba la pequeña botella en el aire –Tome esta botella joven, en ella podrá guardar luz, porque no me queda luz para ofrecerle en estos momentos, me llegará en un par de semanas más, pero esto si le dará calor. Y el hombre extendió su otra mano aun más y me pasó el trozo pan.

Al tomar el pan, me di cuenta que podría haber estado guardado ahí por años, estaba duro, y tenía un olor rancio.

-No me lo tiene que pagar en este momento, ya le enviaré yo un recibo con el valor de las cosas que lleva.

No sabía que hacer, estaba atónito mirando la botella y luego el pan duro y nuevamente la botella vacía. De pronto, el hombre caminó rápidamente rodeando el mesón hasta llegar a mi lado, me tomó gentilmente del brazo y me indicó la salida con un “hasta luego, espero le de buen uso a lo que me ha comprado” para finalizar con el sonido de unas campanillas al cerrar la puerta.

Y allí estaba, parado en la mitad de la acera con una botella vacía y un pedazo de pan duro en cada una de mis manos cuando lo que buscaba era luz y calor. Ni tiempo tuve de decidirme si retornar a la casa maldita o seguir de paseo por el pueblo cuando un perro callejero me arrebató de las manos el pan duro y salió corriendo. El susto me hizo saltar un metro hacia atrás, era un perro grande, no parecía de esos perros callejeros que uno está acostumbrado a ver, este tenia buena pinta, el pelo brilloso y buen porte, además que no tocó mi mano al arrancarme el pan de ella, lo que a mi parecer eran buenos modales para un perro.

Después de semejante susto, decidí hacer mi camino de vuela a la casa para abrir la botella y pensar estúpidamente como meter luz de sol dentro de ella.

Creo que el susto que el perro me dio me dejó pensando tonterías. ¿Como podría ser posible meter luz de sol dentro de la botella?, imposible resolví en voz alta cuando ya estaba a los pies del cerro, mientras caminaba cerro arriba, sentí repentinamente que alguien me seguía. Pero no los sentí de manera sensorial, si no que de echo oí el movimiento de algunos arbustos a mi espalda. Comencé a apurar el paso hacia la casa cuando una figura negra salta sobre mi tirándome de espaldas al suelo, inmediatamente después sentí una especie de trapo que pasaba por mi cara mojándola, y la criatura jadeaba sobre mi nariz, era un olor horrible. Rápidamente me puse de pie y retrocedí unos pasos para visualizar al mismo perro que unos minutos atrás había robado el pan duro de mi mano, pero esta vez se quedó sentado frente a mi, mirándome fijamente a la cara con la lengua colgando y jadeando. El enérgico movimiento de su cola indicaba que estaba feliz de haberme encontrado, como si estuviera agradeciéndome por el pan que en contra de mi voluntad se había comido. Trate de ignorarlo y seguí con mi camino pero el perro comenzó a seguirme, yo seguía caminando sin mirar atrás, cuando ya estábamos a pocos metros de la reja de la casa, el perro comenzó a ladrar desesperadamente, tanto ladraba que gemidos escapaban entre sus ladridos lo que me alertó y me hizo darme la media vuelta rápidamente, al fijar bien la vista, me di cuenta que el perro le ladraba a un arbusto, un arbusto pequeño, completamente desprovisto de hojas. Ya resignado a ser seguido por el animal, me acerqué al arbusto para ver que es lo que le alarmaba tanto, estaba oscuro, prácticamente negro y, como no lograba ver nada desde mi posición comencé a rodear de apoco el arbusto, sorpresivamente, veo un pequeña luz entremedio de sus ramas secas y quebradas. Al acercar mi cara aun más, casi dentro del arbusto me di cuenta que la pequeña luz era una luciérnaga, muy pequeña, tal vez una cría de luciérnaga, parecía una pequeña estrella en medio de un cielo completamente negro.

Mientras admiraba el hermoso espectáculo que el pequeño insecto daba en medio de la noche haciendo disminuir y aumentar levemente su luz, fue que recordé la botella, entonces, la tomé entre mis manos, y al sacar el corcho, la luciérnaga voló, pero no voló lejos de mi, por el contrario voló hacia mi y, entró por voluntad propia dentro de la botella, como si ese envase de cristal fuera su hogar, ahora, su luz producto de los cortes en el cristal de la botella, parecía brillar aun más.

Al llegar a casa, bañe al perro, le puse un nombre, y lo alimenté con algunas sobras de mi almuerzo, la pequeña luciérnaga, ahora vive dentro de su botella de cristal sobre mi mesa de noche.

Esa noche, en mi pieza, había un pequeño sol dentro de la botella, y mi nuevo compañero daba calor a mi cuerpo mientras el suyo descansaba sobre mi cama.