lunes, 31 de marzo de 2008
Regreso I
domingo, 2 de diciembre de 2007
Bianca y Mauro parte II
El impacto fue tal, que retrocedí en mis pasos y caí de espalda golpeándome contra un mueble junto a la puerta de la cocina.
Ellos se quedaron quietos cuando aparecí frente a ellos, estaban al parecer tomados de la mano, de eso podía estar seguro porque se distinguían claramente sus sombras, de lo demás nada, absolutamente nada, solo dos sombras, una de un niño de aproximadamente nueve años y una niña de unos siete, no lo sé, no podría decirlo con certeza.
No emitían sonido alguno, yo seguía ahí a medio sentar y tirado en el marco de la puerta, luego, lentamente, ella comenzó a acercarse más a él, hasta que lo abrazó por la cintura y apoyó su cabeza en su pecho. Yo me puse lentamente de pie y ellos seguían inmóviles en sus puestos.
Cuando ya estaba erguido en mis pies, comencé a oír susurros, muy bajos, casi inaudibles, mientras notaba que ella erguía su cabeza en dirección al niño y el niño la miraba hacia abajo devolviendo su gesto.
A él lo pude escuchar más claro, “tranquila Bianca, no pasa nada, todo está bien”. Aunque se escuchaba también como un murmullo, no más alto que un secreto contado al oído, podía escucharlo y entenderlo a la perfección.
¿Quienes son ustedes?, pregunté, mientras mis palabras vibraban y escapaban de mi boca con un sonido gutural y poco entendible. Entonces, él intentó acercarse pero la pequeña tomó su brazo y no pudo hacerlo.
- Nosotros vivimos aquí, ¿quién eres tu?
“¿Nosotros vivimos aquí?”. Esa frase hacía eco en mi cabeza causando escalofríos cada vez que el sonido golpeaba las paredes internas de mi cabeza.
- ¿Quién eres tu? y ¿Cuándo llegaste acá?
Yo no lo sabía, no lo recordaba, no tenía idea desde cuando estaba acá y eso fue lo que le dije.
El impacto del encuentro ya se había disipado, ahora estábamos haciéndonos preguntas y respondiendo el típico cuestionario de rigor social cuando dos personas se conocen.
Me contaron que tampoco recordaban desde cuando estaban en la casa, recordaban estar ahí desde que usan su memoria y, que extrañaban los abrazos de su madre que de un día para otro desapareció de su casa junto con su padre y todo tipo de visitas.
Después de una pequeña plática donde las palabras de ellos seguían sonando con volumen bajo, me terminaron contando que eran hermanos, me dijeron sus nombres completos y el de sus padres y, también me preguntaron cuanto tiempo estaría yo en su casa, yo les respondí que no lo sabía, que solo recordaba haber despertado ahí un día de fecha olvidada.
De improviso, ella corrió hacia mi rompiendo la brecha que había entre nosotros y me abrazó, raro me sentía pues, no podía ver nada abrazándome pero si podía sentir sus pequeños brazos alrededor de mi cuerpo, yo supuse que se había emocionado de ver a un adulto después de tanto tiempo solos y, me preguntó si podía decirme tío, ya que su crianza la obligaba a no llamarme por mi nombre.
jueves, 22 de noviembre de 2007
Tuve un sueño!
No soñaba, hacía muchos meses que no lo hacía, y cuando lo hacía, solo tenía pesadillas, pero anoche, tuve un sueño.
Empezaba todo en negro, como era normal cuando dormía, absolutamente nada, luego, sentía movimiento, y el conjunto de cama se deslizaba, yo en un intento por ver lo que pasaba entre abría mis ojos y distinguía una blanca y delgada figura de pie a mi lado, acercándose y acercándose hasta respirar de mi aire para después acostarse a mi lado. Su cuerpo era tibio y tenía un aroma agradable y, me abrazaba con fuerza y me besaba el rostro. No logré distinguir su rostro ni como vestía, pero me hacia sentir cálido y seguro a pesar que temblaba levemente y, se quedó a dormir conmigo. Su cuerpo se amoldaba al mió mientras ambos hacíamos nada, nada más que yacer ahí y abrazarnos.Luego soñé con campos verdes y hermosos días cálidos.
miércoles, 14 de noviembre de 2007
Pavimento con nubes!
Ayer me ha vuelto a hablar, pero, no le he contestado, no quiero hacerlo más, quiero enterrar su recuerdo en el fondo de mis pensamientos y que no salga, necesito seguir adelante pues, con ella abordándome, estoy estancado. -Te odio.
Ella estaba atónita, creo que en su interior sabía que tarde o temprano los encontraría juntos otra vez, pero no quise sacarla de su trance mientras le dirigía horribles palabras que solo ella podía entender mientras escapaban entre mis labios.
…Un sonido fuerte, un auto arrastrándose y un golpe…
Luego, ella estaba en el suelo, yo la sostenía del cuello y ella me lloraba y me pedía perdón, que nunca quiso hacerme daño, que desde ahora en adelante solo sería para mi y que nunca más tendría ojos para otro hombre, el suelo era celeste, y hasta parecían dibujarse nubes en él, entonces ella me dijo que ahora podría vivir en nuestra casa, esa que estaba esperando por nosotros y a la que ella llegaría después.
No la pude perdonar y, ahora vivo en La Casa Maldita.
lunes, 22 de octubre de 2007
Intermedio I
También me estoy haciendo costumbre de tomar una cerveza en este bar después del trabajo, al principio pensé que dañaría a mucha gente producto de la maldición, pero, me he dado cuenta con el tiempo que no afecto a la gente si yo no les presto atención, creo. Claro que me costó darme cuenta de eso, recuerdo el primer día que llegué al bar, a los pocos minutos de pedir una cerveza, el mesero se cortó la mano al romperse un vaso que se disponía a depositar sobre la barra y, el tipo a quien iba dirigido el pedido quedó completamente bañado con el licor contenido en el recipiente, a los dos días, un brazo en cabestrillo y a la semana, una botella de vino muy fino cayó sobre su cabeza desde la repisa más alta dejándolo mareado por algunos minutos. Con el tiempo el mesero ya sabía mi pedido de antemano y yo solo me siento en este mismo rincón de la barra, el más alejado y, elevo mi mano sin pensar en nada, intentando hacer algún movimiento de soltura muscular como cuando tienes el hombro adolorido por el exceso de trabajo, con eso logré por ahora, no dañar al mesero. Pero, a veces, no puedo evitar fijar mi vista en algunos de los clientes quienes, sin estar en conocimiento de mi maldición o talvez sabiéndolo, comienzan a murmurar en voz baja y dirigen miradas furtivas hacia mi. Esas son algunas de las cosas por las cuales dejaría de venir al bar. Es una pena que esa gente a la salida del bar se tropiecen o terminen enredados en alguna pelea y queden lesionados sin saber que es a causa de mi maldición.

En casa, las cosas siguen normales, dentro de lo que se puede llamar normal a una casa habitada por un hombre maldito, dos entes que se comportan como niños, un perro que ve fantasmas y una luciérnaga que vive encerrada en una botella de cristal, dentro de ese marco, la vida transcurre normal. Ya no le doy tanta importancia a las rabietas de Bianca ni a mi ornamentación estrellándose contra el suelo por alguna travesura de Mauro, lo que si me tiene un tanto preocupado, es que Dexter, mi perro, no come, pero a pesar de eso, no adelgaza ni pierde el vigor habitual de sus acciones. Lo he notado muy entretenido tratando de atrapar los insectos que en este último tiempo han llegado en grandes cantidades a la casa, debe ser por el clima. Creo que compraré algún insecticida o uno de esos mata moscas eléctricos.
Bueno, estuvo buena la cerveza, ahora me iré a casa.
…Quién es ella?



